Cerrado por ¿vacaciones?
29 julio, 2010
Hace ya más de dos meses, el Barbas expresaba por aquí su deseo de que las cosas salieran bien en el futuro… Pues bien, será cosa de otros el juzgar si más bien que mal o más mal que bien, pero de momento las cosas están de la siguiente manera:
El Barbido ha cerrado sus puertas en Madrid para trasladarse, sólo para el verano, a tierras del norte. Noruega, para ser más exactos. Josh Rouse decía aquello de “Norway is cold, dear…”, y la verdad es que en muchos sentidos lleva razón el bueno de Josh. Pero el domingo 11 de julio el frío desapareció de pronto en la ciudad de Bergen, gracias al calor de al menos un centenar de españolitos y españolitas que festejaban que su selección de fútbol se había proclamado, unos 9000 km más al sur, ni más ni menos que campeona del mundo. Que alegría, madre mía.
Además, la inactividad de este humilde bar en los últimos meses, se ha visto provocada, entre otras cosas, por hallarse el Barbas inmerso en algún que otro proyecto personal de más (además de este, quierese decir). Veánse aquí sus primeros pasos, y no tengan temor a decir “me gusta” o a “seguirnos” por aquí y por allá. Señor, qué mundo curioso y complicado al mismo tiempo, es este del twitter…
Por otra parte, cerrar viejas historias que parecen no tener fin, puede llevar mucho tiempo, creedme. A ésta, parece que por fin le ha llegado su hora.
¿Qué más? Ah sí, escibieron un par de viejos clientes, llamémosles Cliente Ohsí y Cliente Déjaloestar, con ganas de comentar con el Barbas los dos eventos musicales más importantes del mes de julio (que coño, del verano) en la escena madrileña (que coño, de España). Una lástima, pero el Barbido ya estaba cerrado en su sede habitual por ¿vacaciones?
Un cliente habitual (y borracho) de la sede noruega, llamémosle Cliente Noruego, que NUNCA hasta ahora había dirigido la palabra al Barbas, comenta:
Por un ratico
23 mayo, 2010
Mes Langhorne Slim en el Barbido.
El Barbas, que está sólo en el bar, escucha sus canciones una y otra vez. Y “por un ratico”, siente que las cosas van a salir bien.
Un cliente, llamémosle Cliente entre los 50, ha entrado en el bar sin que el Barbas se de cuenta y comenta desde el fondo de la barra:
¿Los nuevos tiempos?
1 mayo, 2010
Semanas difíciles en el Barbido.
El Barbas apenas tiene tiempo (o energía) para conversar con sus clientes. En los momentos previos a un cambio, y más aún cuando no se tiene nada claro si el cambio es hacia adelante o hacia atrás, no hay mucho tiempo (o energía) para casi nada.
Un cliente, llamémosle Cliente Ochentero, toma un desayuno completo mientras charla con el Barbas, quien por primera vez en dos semanas, decide darse un descanso y hacer lo que más le gusta. Escuchar a sus clientes.
- Barbas, este croissant a la plancha está de muerte. Ayer me acosté pronto, y cuando duermo tantas horas el desayuno me sabe a gloria. El caso es que anoche tenía pensado empezar a ver una serie que me dejó un amigo, pero mientras cenaba me enganché a una película que ponían en la tele, y al terminar (o un poco antes, la verdad) me entró bastante sueño… Rompiendo las Reglas es una especie de remake de Karate Kid, pero adaptado a… ¿los nuevos tiempos? No sé Barbas, puede que me esté haciendo mayor, pero la mayor parte de los cambios significativos de esta película con respecto a la otra, me parecieron a cada cual más esperpénticos e intranquilizantes con respecto al futuro… del cine, y especialmente del comercial adolescente. Parece ser que hoy en día, el protagonista de una historia así ya no puede ser un pringadillo nuevo en el insti y tirando a chuchurrío en el aspecto físico como era Daniel Larusso en Karate Kid. No, ahora el prota es un tío cachas y guapo, que sólo se siente diferente por un acontecimiento del pasado que le atormenta y porque (esto si se mantiene de la “original”) su familia pasa por dificultades económicas en contraposición con sus compañeros de instituto, dónde todos son ricos, guapos y adictos a una especie de lucha que mezcla todas las artes marciales, y que por supuesto has de dominar si quieres ser alguien en la ciudad. Caramba. De hecho, sí que hay un personaje en la peli mucho más parecido a Daniel Larusso, pero claro, no es el protagonista sino el amigo que se conforma con las migajas que le deja el héroe. Este personajillo también se prepara para ser un luchador, pero en la peli le dan más leches que a un tonto y eso no hay forma de cambiarlo salvo por la protección que le ofrece su amigo fortachón, faltaría más. Pero además, el pringadillo irremisiblemente relegado al papel de secundario en el cine del siglo XXI, nunca se separa de su videocámara, y se dedica a grabar sin ningún tipo de rubor toda pelea que suceda frente a él, ya sea esta limpia, o un flagrante abuso de fuerza que incluye humillaciones y vejaciones a cascoporro. ¿Pruebas para denunciar estos sucesos ante la policía? Nada más lejos. El objetivo es conseguir el mayor número de visitas en youtube. Hay una secuencia realmente asombrosa en la que el protagonista recuerda su tormentoso pasado mientras conduce el coche deportivo de su amigo el pringao. El semáforo se pone en verde y él no arranca, así que el coche de atrás emite una sonora pitada. El prota se baja del coche y sin dudarlo propina una soberana paliza al conductor y a los cuatro tipos que van con él en un enorme Hammer amarillo. Toma, pa’ que vuelvas a pitar a un héroe de los nuevos tiempos… Un poco más adelante, el guionista del film deja entrever que está mal hacer ese tipo de cosas, pero más que nada porque no merece la pena estar enfadado todo el día. Es mucho mejor estar contento y tranquilo y sólo dar leches cuasimortales a quien se lo merece… El caso es que la pelea se cuelga en youtube y nuestro héroe, lejos de meterse en algún problema de tipo legal, se hace el tipo más popular en el instituto. Y su amigo “el cineasta” el segundo más popular claro, que no se consiguen cincuentamil visitas con un vídeo en la red así como así. En fin, podría ennumerar un montón de momentos que me dejaron boquiabierto, pero en realidad Barbas, a dónde quiero llegar es a que yo creo que los tiempos han cambiado más en las películas que en los institutos reales, donde sguro que han cambiado muchas cosas, pero donde tambien seguro sigue habiendo chicos y chicas inteligentes. La diferencia es que antes se hacían películas para chavales con un poco de cabeza que sabían distinguir la realidad de una historia “épica” con mensajes de superación, amistad, pureza, etc. Y ahora la realidad se mezcla con la ficción para hacer una amalgama, un esperpento, que no es ni realidad ni apenas ficción, y cuyos mensajes son cuando menos, MUY dudosos. Ahora son pelis hechas para los chicos que menos piensan, son pelis hechas para no pensar. Es más, “dar cera, pulir cera”, sería un mensaje más o menos profundo, pero es que en esta película hay incluso mofas a este tipo de metáforas. Por ejemplo hay un momento en el que el prota le pregunta al “nuevo señor Miyagi” -mientras éste le habla de la importancia de la respiración al pelear – si “es ese su mensaje del saltamontes”… Da la sensación de que esto mismo es lo que piensa el director del film sobre la puesta en escena de Regreso al Futuro, Todo en un día, Gremlins o la misma Karate Kid (por citar algunos ejemplos de los años 80, dispares y desiguales en calidad entre si, pero con la característica común de dar cienmil vueltas en cuanto a un minimo de coherencia narrativa a Rompiendo las Reglas). Por cierto, el uso de la música y de las secuencias de montaje es desproporcionado y aburrido como pocas cosas he visto yo en una película. Como digo, puede ser que me esté haciendo mayor, y que esto mismo es lo que dirían nuestros padres de Karate Kid. Pero como digo, creo que ahora han cambiado muchas más cosas, o al menos algunas muy importantes. Hace poco volví a ver Los Siete Samurais, que ya sé que es como hablar de oro de 24 kilates cuando se ha estado hablando de bisuteria barata, pero es que de verdad que cuando veo cine comercial de los 80, como Karate Kid, no echo tanto de menos obras maestras como la de Kurosawa, en comparación a lo que echo de menos Karate Kid cuando veo películas como Rompiendo las Reglas. Por cierto, no sé si la copia del argumento ha sido consentida o no por los dueños de los derechos de Karate Kid, pero he oído que está a punto de estrenarse un remake oficial con el mismo título donde Jackie Chan sería, ahora sí, el nuevo señor Miyagi.
Un chaval de unos 12 años interrumpe desde la máquina de tabaco mientras saca dos paquetes de Chester:
Horrible
11 abril, 2010
Una conversación sobre fútbol está a punto de comenzar en el Barbido.
En las mentes de los clientes está el gol que falló Van der Vart, solo, ante Víctor Valdés, el vigesimo séptimo gol de Messi, el caño de Cristiano a Busquets, Benzemá en el banquillo, Dani Alves de extremo, Pedrito sentenciando el partido, el cambio de Raúl para ver si marcaba tres goles con su endiablada velocidad, Higuaín abandonando el campo con muchos minutos aún por jugar…
Y entonces alguien, llamémosle Cliente Cabánido, entra en el bar apresuradamente y le pide al Barbas que ponga la televisión. Se va a emitir una miniserie de poco más de media hora. No hay más capítulos. Sólo tres actos dentro de esos escasos 40 minutos. Es divertida, original e inspiradora. De hecho, hay al menos una persona en el bar a la que se le activarán las neuronas creativas durante el visionado.
Contra todo pronóstico quizá sea en otro sitio, y no en el Barbido, dónde se hable del enésimo partido del siglo.
El Barbas le da las gracias al Cliente Cabánido por la recomendación, justo cuando otro cliente, antes de salir del bar, se detiene en la puerta y exclama:
Lost, camina conmigo
25 marzo, 2010
El Barbido en el día después de saber que Richard Ricardus era natural de Icod de los Vinos.
En la televisión, un capítulo de una de las mejores series de la historia de la televisión del cine.
Un cliente, llamémosle Cliente del tronco, toma un café doble bien cargado de azucar, mientras sujeta un tronco de madera de alcornoque bajo su brazo izquierdo. Habla al Barbas como si le conociera de toda la vida (pero es la primera vez que le ve):
- Hace poco vi la película que hizo Lynch al acabar la serie. Excelente. No tuvo muy buenas críticas y la verdad es que no lo entiendo. La serie deleitó a público y expertos, y sin embargo, la película parece que defraudó a ambos. Es como si dijeran que la primera, para ser televisión, era excelente, y la segunda, como obra cinematofráfica (y por tanto superior), era regular o como mucho no estaba mal… Y estos argumentos ya no se sostienen por ningún lado. Es obvio que algunas de las mejores películas de los últimos tiempos se han estrenado en televisión: Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Mad Men… Imposible escribir mejores guiones e imposible dirigirlos mejor. Pero ese es otro tema Barbas, otro día vengo y hablamos del fenómeno de las series en la televisión por cable americana. El caso es que me encantó la película de Twin Peaks. Me encantó en el sentido de que me gustó mucho y también en el sentido de que me hizo caer, como todas las películas de David Lynch, en una especie de encantamiento o estado de hipnosis que te atrapa y del que no puedes salir hasta el final de la película. La dualidad entre el bien y el mal que hay en el mundo y en cada uno de nosotros, entre lo oscuro y lo luminoso, entre la turbiedad y la pureza… Increible. E imposible contarlo mejor. La película tiene además, aunque otros la saquen de contexto y digan que es una de las peores de la historia del cine, una de las mejores escenas de la filmografía de Lynch. Me refiero a la del bar al otro lado de la frontera, en Canadá, con Laura Palmer y su amiga Donna en compañía de una serie de tipos grotescos y bizarros. El uso del sonido es absolutamente genial y la duración de la escena es provocadoramente perfecta. ¿Sabes Barbas? Ahora, viendo el capítulo de Twin Peaks en tu televisión, me estoy acordando del de ayer de Lost. Ya sé que JJ y Lynch poco o nada tienen que ver… Pero si que veo una cosa en común entre las dos series. Y es que la gente las ve y está enganchada a ellas a pesar de tener la sensación, no solo de no enterarse de nada, sino de que probablemente cuando acabe la serie se quedarán igual… o peor. Este fenómeno sería complicado de verse en una película de unas dos horas de duración. Hace poco, leí en un blog, aunque refiriéndose a otra cosa, un artículo sobre el miedo a lo desconocido. Y es que yo también creo que la gente tiene (tenemos) un tremendo miedo a no comprender, a quedarse a medias, a tener que pensar, no un día, sino a lo mejor toda la vida en el final de una historia o en un conjunto de imágenes… Y es curioso como unas veces estamos mucho más dispuestos que otras a los finales abiertos y a las historias diferentes. Si ya sé… A veces son mucho más que eso… Son raros y aparentemente incomprensibles. Pero a mi, si me ha gustado el resto de la historia, me suelen gustar.
El hombre coge su tronco y lo acaricia como si fuera un bebé. Luego se pone a golperalo contra el suelo y a gritar como un loco, y se va corriendo del Barbido.
Alguien comenta desde una mesa:
Mi amiga imperfección
22 marzo, 2010
Música en el Barbido.
En la televisión, un programa de vídeos musicales de grupos españoles. Entre todo lo que estamos acostumbrados a ver en este tipo de programas, aparece un clip espectacular:
Un cliente, llamémosle Cliente imperfecto, pide un tercio de Mahou y le cuenta al Barbas un par de cosas sobre su relación con Havalina :
- Pedazo de grupo. Y pedazo de vídeo. Hace un par de años estuve cerca de participar en el anterior vídeo del grupo, pero al final no pudo ser. Y desde que les sigo, casi 10 años va a hacer, no han sido pocas las ideas que se me han ocurrido para vídeoclips de sus canciones. Pero nunca pasaron de ser eso.. Ideas en mi cabeza. Ahora, alguien les ha hecho el vídeo que a mi me hubiera gustado ofrecerles. Sencillo, vibrante, genial. Y solo espero que algún día pueda, finalmente, hacer con ellos otro tan bueno como este. Su último disco (discazo) se llama Imperfección. Mi amiga Imperfección. La que nos hace cometer errores. Errores que con el tiempo, pasan a ser lo mejor que nos ha pasado en la vida. La que nos hace ser diferentes unos de otros, y de nostros mismos, cada día. La que nos invita a mejorar. La que nos impide ser máquinas parlantes. La que nos ayuda a estar desinspirados. La que nos hace ser incapaces de coger todos los trenes, para permitirnos elegir los viajes que queremos hacer, y el momento para hacerlos. Y equivocarnos. Y acertar. La que nos hace ser nostros mismos, y sufrir y hacer sufrir por ello. Maldita imperfección. La que nos hace ser nosotros mismos y amar y que nos amen por ello. Bendita Imperfección.
En la televisión, se acaba el programa de vídeos nacionales, y un anuncio deja mudo a todo el Barbido:
En el nombre del padre
18 marzo, 2010
La víspera del día del padre en el Barbido.
En la televisión, originales ideas para regalar a los papás en tiempos de crisis:
Una cliente, llamémosla Cliente sin dinero para psicoanálisis, le pide un trinaranjus al Barbas y le empieza a hablar en confianza (que es como al Barbas le gusta que le hablen sus clientes):
- Es que no tolero las bebidas con gas. A mi padre le pasa lo mismo. Pero él sí las bebe, solo que cuando… ya sabe, pues entonces dice la frasecita: “Es que no tolero las bebidas con gas”. Yo admiraba mucho a mi padre. Y aún le sigo admirando. Sólo que un día me di cuenta que había cosas que no le admiraba, sino que me parecían terribles. Y me hacían mucho daño. Sobretodo porque me veía reflejada en ellas. Y precisamente por eso, porque le comprendía, no le decía nada. No me enfrentaba a él. A mi no me gusta que se enfenten a mi cuando hago cosas parecidas, así que simplemente, lo dejaba pasar. Me enfadaba, pero lo dejaba pasar. No vayas a pensar que estoy hablando de pegar ni nada de eso. Hablo de cosas normales, pero que no me gustan. Como las bebidas con gas. Un día, no hace mucho, decidí separarme de mi padre. Separarme de mi admiración hacia él. O al menos mirarla un poquito desde lejos. Y hay días duros claro, porque además él es cabezota como ninguno y no creas que se baja del burro fácilmente… Pero a mi me va mejor. No estoy enfadada con él, aunque a veces me cabrea pensar que seguramente es lo que él piense que me pasa. Pero le necesito menos. Necesito menos su aprobación y su apoyo. Y eso es bueno para mi. Y creo que las cosas a las que no me gusta parecerme a él, las llevo mejor. Porque cada vez las trato más como cosas mías, y no como cosas que he heredado o he aprendido de él. A todos nos gusta que nuestros padres estén orgullosos de nosotros. Y a todos los padres les gusta que sus hijos estén orgullosos de ellos. Yo estoy orgullosa de mi padre. De casi todo. Y creo que a él le pasa lo mismo conmigo. La única diferencia es que yo sigo intentando ponerme en su lugar y creo que él piensa que ya no tiene edad para eso. Ojalá se de cuenta de que tiene edad para lo que quiera. O para casi todo. Mañana le llamaré para felicitarle.
Una voz refunfuña desde la cocina del bar y al Barbas se le pone cara de circunstancias:
