Lost, camina conmigo
25 marzo, 2010
El Barbido en el día después de saber que Richard Ricardus era natural de Icod de los Vinos.
En la televisión, un capítulo de una de las mejores series de la historia de la televisión del cine.
Un cliente, llamémosle Cliente del tronco, toma un café doble bien cargado de azucar, mientras sujeta un tronco de madera de alcornoque bajo su brazo izquierdo. Habla al Barbas como si le conociera de toda la vida (pero es la primera vez que le ve):
- Hace poco vi la película que hizo Lynch al acabar la serie. Excelente. No tuvo muy buenas críticas y la verdad es que no lo entiendo. La serie deleitó a público y expertos, y sin embargo, la película parece que defraudó a ambos. Es como si dijeran que la primera, para ser televisión, era excelente, y la segunda, como obra cinematofráfica (y por tanto superior), era regular o como mucho no estaba mal… Y estos argumentos ya no se sostienen por ningún lado. Es obvio que algunas de las mejores películas de los últimos tiempos se han estrenado en televisión: Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Mad Men… Imposible escribir mejores guiones e imposible dirigirlos mejor. Pero ese es otro tema Barbas, otro día vengo y hablamos del fenómeno de las series en la televisión por cable americana. El caso es que me encantó la película de Twin Peaks. Me encantó en el sentido de que me gustó mucho y también en el sentido de que me hizo caer, como todas las películas de David Lynch, en una especie de encantamiento o estado de hipnosis que te atrapa y del que no puedes salir hasta el final de la película. La dualidad entre el bien y el mal que hay en el mundo y en cada uno de nosotros, entre lo oscuro y lo luminoso, entre la turbiedad y la pureza… Increible. E imposible contarlo mejor. La película tiene además, aunque otros la saquen de contexto y digan que es una de las peores de la historia del cine, una de las mejores escenas de la filmografía de Lynch. Me refiero a la del bar al otro lado de la frontera, en Canadá, con Laura Palmer y su amiga Donna en compañía de una serie de tipos grotescos y bizarros. El uso del sonido es absolutamente genial y la duración de la escena es provocadoramente perfecta. ¿Sabes Barbas? Ahora, viendo el capítulo de Twin Peaks en tu televisión, me estoy acordando del de ayer de Lost. Ya sé que JJ y Lynch poco o nada tienen que ver… Pero si que veo una cosa en común entre las dos series. Y es que la gente las ve y está enganchada a ellas a pesar de tener la sensación, no solo de no enterarse de nada, sino de que probablemente cuando acabe la serie se quedarán igual… o peor. Este fenómeno sería complicado de verse en una película de unas dos horas de duración. Hace poco, leí en un blog, aunque refiriéndose a otra cosa, un artículo sobre el miedo a lo desconocido. Y es que yo también creo que la gente tiene (tenemos) un tremendo miedo a no comprender, a quedarse a medias, a tener que pensar, no un día, sino a lo mejor toda la vida en el final de una historia o en un conjunto de imágenes… Y es curioso como unas veces estamos mucho más dispuestos que otras a los finales abiertos y a las historias diferentes. Si ya sé… A veces son mucho más que eso… Son raros y aparentemente incomprensibles. Pero a mi, si me ha gustado el resto de la historia, me suelen gustar.
El hombre coge su tronco y lo acaricia como si fuera un bebé. Luego se pone a golperalo contra el suelo y a gritar como un loco, y se va corriendo del Barbido.
Alguien comenta desde una mesa:
(Al Barbas)
Pues a mi, como no me expliquen eso de los osos polares, los viajes en el tiempo, las vidas paralelas y la madre que les parió… Vaya mierda de final. Y que no me vengan con que están todos muertos, el bien y el mal ni leches en vinagre.
Cuando puedas me pones otro café solo, por favor.
Me encantaría ver del tirón Twin Peaks, igual alguien me puede dejar los deuvedeses…