Horrible
11 abril, 2010
Una conversación sobre fútbol está a punto de comenzar en el Barbido.
En las mentes de los clientes está el gol que falló Van der Vart, solo, ante Víctor Valdés, el vigesimo séptimo gol de Messi, el caño de Cristiano a Busquets, Benzemá en el banquillo, Dani Alves de extremo, Pedrito sentenciando el partido, el cambio de Raúl para ver si marcaba tres goles con su endiablada velocidad, Higuaín abandonando el campo con muchos minutos aún por jugar…
Y entonces alguien, llamémosle Cliente Cabánido, entra en el bar apresuradamente y le pide al Barbas que ponga la televisión. Se va a emitir una miniserie de poco más de media hora. No hay más capítulos. Sólo tres actos dentro de esos escasos 40 minutos. Es divertida, original e inspiradora. De hecho, hay al menos una persona en el bar a la que se le activarán las neuronas creativas durante el visionado.
Contra todo pronóstico quizá sea en otro sitio, y no en el Barbido, dónde se hable del enésimo partido del siglo.
El Barbas le da las gracias al Cliente Cabánido por la recomendación, justo cuando otro cliente, antes de salir del bar, se detiene en la puerta y exclama: